El Arte de Combinar Añadas y Platos

Introducción

La combinación de vino y comida es una tradición que se remonta a la época romana. Desde entonces, los enólogos y expertos del mundo de la gastronomía han trabajado en conjunto para crear armonías perfectas entre los vinos y los platos. Hoy en día, la combinación de vino y comida se ha convertido en una forma de arte, y cada vez son más los amantes de la gastronomía que se preocupan por encontrar la mejor combinación para cada ocasión. En este artículo, nos centraremos en el arte de combinar añadas y platos.

Combinar añadas y platos

Cuando se trata de combinar vino y comida, muchas veces se da por sentado que basta con elegir el vino adecuado para el plato. Sin embargo, también es importante considerar la añada del vino. La añada se refiere al año en que se produjo la uva que se utilizó para elaborar el vino. Cada añada tiene su propia personalidad, influenciada por factores como las condiciones climáticas y la madurez de la uva. Por lo tanto, la elección de la añada adecuada puede tener un gran impacto en la armonía de la combinación.

Vinos jóvenes

Los vinos jóvenes, es decir, aquellos que han sido elaborados con uvas de la última cosecha, suelen ser más ligeros y afrutados. Generalmente, se recomiendan con platos también ligeros y frescos. Algunos ejemplos de platos que podrían combinarse con vinos jóvenes son ensaladas, mariscos y pescados a la parrilla. Es importante destacar que los vinos jóvenes no suelen ser aptos para largos periodos de maduración, por lo que deben ser consumidos en los primeros años después de su elaboración.

Vinos de media crianza

Los vinos de media crianza son aquellos que han pasado un tiempo variable en barrica, generalmente entre 6 y 12 meses. Estos vinos tienen una mayor complejidad y pueden tener notas de vainilla o especias, dependiendo de las características de la barrica en la que se criaron. Los vinos de media crianza suelen ser más adecuados para platos con mayor intensidad de sabor, como carnes rojas y guisos. También pueden ser una buena opción para quesos de sabor fuerte, como el roquefort.

Vinos de crianza

Los vinos de crianza han pasado un mínimo de 12 meses en barrica y un tiempo adicional en botella antes de salir al mercado. Estos vinos suelen tener una mayor complejidad, con notas de frutas secas y madera. Al igual que los vinos de media crianza, son más adecuados para platos con una mayor intensidad de sabor, como un buen solomillo o cordero asado. También pueden ser una buena opción para quesos curados.

Vinos reserva y gran reserva

Los vinos reserva y gran reserva son vinos que han pasado un mínimo de 36 y 60 meses, respectivamente, en barrica y botella antes de salir al mercado. Estos vinos son muy complejos y suelen tener notas de frutas secas, cuero y tabaco. Dado su carácter intenso, se recomiendan con platos igualmente intensos, como asados, guisos y carnes curtidas. También se pueden combinar con quesos curados y fuertes.

Conclusión

La elección del vino adecuado no es solo una cuestión de gusto personal, sino que también depende de la armonía entre el vino y el plato. Al considerar la añada del vino, podemos encontrar la combinación perfecta entre vino y comida. Cada añada tiene su propia personalidad, y es importante tener en cuenta cómo esta personalidad puede realzar o disminuir las características del plato. En última instancia, se trata de encontrar la armonía adecuada entre vino y comida para crear una experiencia gastronómica perfecta.